¿ME EXTINGO O ME CLONAN?

Desde hace algunos años vemos que muchos animales exóticos van disminuyendo en número a una velocidad vertiginosa debido a cambios en el clima, a los efectos de la actividad humana sobre sus hábitats y a otras muchas causas. Cada vez son menos las especies que pueblan la tierra y parece difícil evitarlo. Imagina que la ciencia pudiese conseguir que el lince ibérico no se extinguiera, o que pudiésemos seguir observando ejemplares del oso polar, o del tigre de bengala. ¿Cómo podríamos conseguirlo? La clonación es la respuesta. Sin embargo, ¿es viable desde un punto de vista técnico? Y además, ¿qué papel ocuparía la ética en el caso de que la clonación de animales en extinción se plantease como una posibilidad?

Tigre de bengala, especie en extinción. Imagen obtenida de QUO

Tigre de bengala. Imagen obtenida de QUO

Con la creciente presencia humana y sus actividades ha aumentado el número de animales sometidos a amenazas para las que no estaban preparados. La tala indiscriminada de árboles, la contaminación de ríos y mares así como la ocupación de terrenos antes reservados únicamente a la fauna salvaje han hecho que muchas especies vieran diezmada su población, al verse indefensas frente a la nueva situación sin ser capaces de adaptarse.

Hay especies amenazadas en todas las partes del globo, y podemos poner como ejemplo el pingüino. Hay cuatro familias de pingüinos amenazadas en la Antártida debido a que el calentamiento global es cinco veces más rápido en esta zona que en el resto del planeta. Esto tiene como consecuencia avalanchas de nieve que perjudican a muchos pingüinos.

Ocurre lo mismo con las ballenas, cuya población está siendo diezmada por su caza indiscriminada, el tráfico marítimo, el cambio climático y la contaminación de los mares.

Éstos son sólo dos de los muchos ejemplos que tenemos de especies en peligro. ¿Cómo evitar su aparentemente inevitable desaparición? Los científicos tienen la mirada puesta en la técnica conocida como clonación.

La clonación reproductiva es el proceso por el que se consiguen copias idénticas de un organismo. A lo largo de la historia se han clonado muchos animales, siendo el más famoso el caso de la oveja Dolly, en 1996. Dolly fue el primer mamífero clonado a partir del ADN de un adulto.

Clonación reproductiva. Imagen obtenida de EXPERIMENTEMOS

Clonación reproductiva. Imagen obtenida de EXPERIMENTEMOS

Así, vimos que la clonación era posible, pero no hay que olvidar que es un proceso complejo y con baja probabilidad de éxito, menor al 5% para especies domésticas y menor al 1% cuando hablamos de especies salvajes. Esto es debido principalmente al mayor conocimiento de las secuencias del genoma de las especies domésticas y por la mayor facilidad reproductiva de éstas en cautividad frente a las especies salvajes, menos adaptadas al cautiverio.

Además, para que la clonación sea exitosa, se necesitan al menos tres componentes esenciales: ADN del animal a clonar, un óvulo que reciba ese ADN y una madre para gestar el embrión que resulte. Normalmente se necesitan cientos de embriones (se necesitaron 277 para clonar a Dolly) y varios embarazos para conseguir un número muy reducido de clones.

A esto hay que sumar el hecho de que los científicos no conocen del todo la fisiología reproductiva de los animales salvajes y especies en extinción, lo cual hace el proceso aún más complejo y peligroso, pues habría que confiar en unas pocas hembras de una especie en extinción para que diesen a luz a los clones. También hay que contar con que las especies amenazadas suelen estar protegidas por la ley, no pudiéndose así realizar estos procedimientos.

Como opción alternativa, muchos investigadores fusionan el ADN de especies en peligro con óvulos de una especie relacionada y mejor caracterizada, y la madre que llevará el embrión es de esta segunda especie. Sin embargo, estos embriones híbridos con las técnicas actuales no son capaces de desarrollarse adecuadamente.

Además, muchos cuestionan estas técnicas para generar híbridos que se están desarrollando, pues darían lugar a animales con mezcla de ADN de dos especies (el ADN nuclear viene de la especie en extinción, pero el ADN de las mitocondrias lo aporta la especie conocida de la cual tomamos el óvulo). Existen zoológicos, donde recopilan muestras de animales en peligro e investigan sobre técnicas de clonación, que se oponen a estos híbridos al no obtenerse especies puras porque, ¿estaríamos realmente salvando al rinoceronte blanco? Es preciso mencionar que en la naturaleza hay hibridación y transferencia de material genético continuamente, luego esta hibridación, consideran algunos, no sería ningún impedimento.

A día de hoy, clonar especies amenazadas se caracteriza por algunos éxitos y numerosos fracasos. Desde 2005, algunos mamíferos han sido clonados empleando la misma técnica que se utilizó con Dolly. En todos los casos, eran muchos más los clones que no sobrevivían al nacimiento que los que sí lo hacían, y en la mayoría de los casos ninguno de los clones llegaba a la edad adulta.

Pese a todos estos inconvenientes, muchos investigadores siguen recolectando información genética de especies amenazadas, pues piensan que en algún momento dará sus frutos, y la clonación se verá como opción real para no perder animales en peligro.

Sin embargo, otros cuestionan los beneficios que reportaría el clonar especies destinadas a desaparecer. Defienden que la clonación intervendría con el fenómeno de extinción, fenómeno que se ha dado a lo largo de toda la historia, y seguirá dándose. Además, la tecnología (al menos a día de hoy) no tiene los medios suficientes para competir con la extinción a gran escala. Las especies recuperadas, ¿tendrían sitio y podrían colonizar sus antiguos hábitats? ¿No sería mejor invertir el dinero en preservar el medio ambiente para no perder más especies y facilitar la vida de las más amenazadas? Hay científicos que se plantean clonar a los dinosaurios, los mamuts y otras especies prehistóricas pero, si desaparecieron en su momento, ¿qué hace pensar que sobrevivirían millones de años después, en un entorno que nada tiene que ver con aquél que ellos habitaban?

Así, pese a los beneficios utópicos que supondría evitar la extinción de especies o incluso recuperar otras ya extinguidas de las que se aún se conserva su material genético, son muchos los inconvenientes y las cuestiones morales que surgen cuando se trata de clonar vida salvaje. Aunque a día de hoy no sea una opción, ¿será posible en el futuro? ¿deben los científicos destinar sus esfuerzos a este fin?



Referencias:

 

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3 comentarios en “¿ME EXTINGO O ME CLONAN?

  1. Desde mi punto de vista, yo me planteo ciertas preguntas: ¿Podemos realmente jugar con la naturaleza y “juzgar” en cierto modo qué especie se queda en el planeta y qué especie se extingue? ¿Debemos cuestionar la Selección Natural que “elimina” a las especies menos adaptadas al entorno en el que vivimos (sin contar a las que nosotros mismo exterminamos por nuestros actos) para dejar que permanezcan en él? Si en algún momento desaparecieron, habría alguna razón y por eso no sobrevivieron.
    Fdo: Z.

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    • Z:
      Creo que tiene mucho sentido tratar de conservar todas las especies posibles, ya que contribuyen a la diversidad biológica e implican años de adaptación a un nicho. Si perdemos una especie, no hay vuelta atrás. Almacenar su información genética nos podría permitir recuperar en el futuro estas especies. Desde luego al ritmo que vamos no podemos salvar todas, pero eso no es razón para intentar salvar a las que podamos.

      No creo que sea necesario ni útil para especies que aún no estén extintas, ya que para generar embriones es mucho más seguro y fácil utilizar fertilización in vitro con gametos de individuos vivos y utilizarlos o congelarlos para un futuro en caso de que se pierda la especie.

      No me parece que tenga sentido tu pregunta de si debemos cuestionar la “Selección Natural” que elimina por “alguna razón” las especies. Lo que llamamos selección natural no es más que una consecuencia de las interacciones entre los distintos elementos del ecosistema y no existe una razón teleológica (o propósito) de que una especie se extinga o no, y la causa de que se haya extinguido tampoco es justificable. ¿Podemos cuestionar la selección natural curando las enfermedades ante las que moriríamos? ¿Es justificable intentar no morir de hambre mejorando la agricultura?
      Si podemos poner la mano para evitar que se nos caiga al suelo un vaso y se rompa, podemos poner la mano para evitar que una especie se extinga, no estamos cuestionando a nadie. El vaso no se cayó por ninguna razón más allá de un descuido tonto, y la especie no se extingue por ninguna razón más allá de porque hemos destruido su nicho u otra especie la ha sustituído.

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  2. Tema muy interesante que mezcla ciencia y moral. Son éstos dos temas que muchas veces, a lo largo de la historia, han entrado en colisión, tal vez enriqueciéndose ambas en el proceso a largo plazo. Interesante artículo que nos hace recapacitar… Gracias, un saludo.

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